Una semana después del terremoto de magnitud 7.4 que sacudió a Colombia el 10 de agosto, el presidente Abelardo De La Espriella se dirigió al país en su primera alocución presidencial para entregar el balance oficial de la tragedia y lanzar una advertencia que no deja margen para la ambigüedad.
El balance: una Colombia herida
El sismo dejó 289 personas fallecidas en todo el país. Más de 4.187 heridos, 143 desaparecidos, 26.945 viviendas destruidas y más de 120.000 familias afectadas en 450 municipios de 15 departamentos — cerca de una tercera parte del territorio nacional.
Según las primeras estimaciones presentadas por el mandatario, el costo de los daños generados por el terremoto supera los 30 billones de pesos. Una cifra que obliga al gobierno a replantear su agenda económica desde el primer mes de gestión.
La advertencia que resonó en todo el país
En medio de la alocución, Abelardo De La Espriella fue contundente frente al manejo de los recursos destinados a la emergencia. «Priorizaremos cada peso para las víctimas. Y les repito a todos los que van a administrar estos recursos: no hay en mi gobierno tolerancia alguna con la corrupción. El que se atreva a tocar un peso de eso, se las verá conmigo directamente. El que le meta la mano a la plata pública será castigado con severidad, como corresponde. Les advierto, absténganse de hacerlo. No lo voy a permitir», sostuvo el presidente.
La advertencia no es retórica vacía. Colombia tiene una historia dolorosa de corrupción en medio de emergencias — la UNGRD, entidad encargada de coordinar la respuesta al desastre, fue una de las más cuestionadas del gobierno anterior precisamente por ese motivo. Abelardo lo sabe. Y eligió decirlo en su primera alocución al país.
El Fondo Milagro y las medidas de alivio
El presidente anunció la creación del Fondo Milagro, que canalizará recursos nacionales e internacionales para la reconstrucción de hospitales, centros educativos, viviendas, vías, aeropuertos y demás infraestructura afectada. También confirmó alivios temporales en el pago de servicios públicos y arriendo para las familias damnificadas, y el programa Vivienda Milagro para reconstrucción y mejoramiento de hogares destruidos.
El mandatario agradeció la solidaridad internacional: «Gracias al mundo que se ha solidarizado con Colombia. Gracias a los 21 países que se han ofrecido a ayudar.»
El contexto fiscal que nadie puede ignorar
La promesa de ajuste del gasto con la que Abelardo llegó a la presidencia duró tres días intacta. El terremoto obligó a desviar ese plan hacia una reconstrucción que en sus primeras cuentas se mueve entre 20 y 40 billones de pesos.
«En los últimos dos años, uno de cada tres pesos del recaudo se destinó a la deuda. La situación fiscal y económica que yo recibo es absolutamente terrible, y es fruto de la irresponsabilidad del gobierno que gracias a Dios ya abandonó el poder», señaló el presidente, haciendo referencia directa al legado del gobierno Petro.
El reto es enorme. Reconstruir un tercio del país con una situación fiscal heredada en crisis, sin crear nuevos impuestos y con la presión de garantizar que cada peso llegue a quien lo necesita — y no a manos de corruptos.
Lo que viene
Colombia está en pie. Herida, pero en pie. Y con un presidente que en su primer mensaje al país eligió hablarle no solo a las víctimas, sino también a quienes pudieran pensar en aprovecharse de su dolor.
La reconstrucción será larga. Costosa. Y políticamente compleja.
Pero la advertencia quedó clara:
El que meta la mano, se las verá con él.
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